¿Sabías que la primera mascota de la Legión fue una gallina? Con su gorrillo legionario, su camisa verde y el correaje a su medida fue una gran novedad. Algunos pensaban en desplumarla y acompañarla a la cazuela, otros se la comían con la vista y otros malintencionados no sabían como hincarle el diente. Su inventor fue un Cabo de Gastadores (chileno.) Este Cabo tuvo muchas dificultades para mantener viva a su gallina, que era la admiración de la Escuadra de Gastadores.

Los problemas del Cabo llegaron a oídos del Jefe del Tercio. Con tanta curiosidad y admiración depositada en la gallina, toda ella vestida de legionario, gallarda y bonita, el Jefe pensó en proteger a la que desde ese día sería la mascota de la Legión, y para que fuera respetada se la nombró Cabo interino, asignándole ración de comida.

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Hay quien opina que la historia de las mascotas militares tiene su origen en los tiempos en que las tropas se hacían acompañar de ganado que les aseguraba el suministro de alimentos de primera necesidad (fundamentalmente leche y carne). Sea cual sea el origen lo cierto es que en los Ejércitos de todo el mundo ha sido y es habitual la adopción de animales como mascotas de la unidades. Es también bastante común que las fuerzas expedicionarias y coloniales elijan estas mascotas entre la fauna autóctona de sus zonas de despliegue. La Legión a lo largo de la historia ha tenido muchas mascotas. En los primeros tiempos, monos, habituales en la zona de Ceuta, la gacela del Sahara, loros e incluso un oso; siendo los más habituales los carneros y cabras.

Sin embargo ha sido la cabra la que finalmente se ha llevado la fama. La cabra de la Legión Española es uno de los personajes más esperados y aplaudidos en cuantos desfiles intervienen unidades legionarias. La mascota suele, en estas solemnes ocasiones, lucir sus mejores galas y se viste con suntuoso manto bordado con su correspondiente emblema y como prenda de cabeza el tradicional gorrillo legionario.